| Proceso de elaboración del Manifiesto Programa
Informe-resumen que la comisión del Manifiesto-Programa del PCE-EPK presenta a la comisión redactora del Manifiesto-Programa del PCE, basada en el mandato congresual en que se decide la elaboración de dicho manifiesto.
Partido Comunista de Euskadi / 14 may 07
En primer lugar, y para darle el necesario carácter de rigor socio-histórico a la acción colectiva emprendida en todo el Partido, y con referencia explícita a la labor desarrollada por el EPK en nuestra comunidad, queremos significar el desconcierto inicial y la difícil tarea de discutir un nuevo marco de acción política presente y futura, por la deconstrucción histórica en que el PCE se ha visto inmerso por el erróneo marco-concepto de la visión llamada “eurocomunismo”, que si bien, a nuestro juicio, era relevante en el marco de una Italia con un potente desarrollo del movimiento sindical y una activa presencia del PCI en todas las escalas sociales del país, en el nuestro dicha deconstrucción fue aislar al propio Partido en el área de las instituciones, acabando con una larga trayectoria de acción societal directa y rica en alternativas movilizadoras, con el añadido de una amplia cultura unitaria y de cercanía en la empatía de lo ciudadano-colectivo.
Todo ello, con altibajos, va a marcar decisivamente la trayectoria del PCE. Con lúcidos análisis de la situación concreta y con fracasos tacticistas que aún pagamos por voluntarismo, hasta el momento de tomar la decisión de elaborar un nuevo contrato-Manifiesto para el Partido.
Pero refleja con nitidez que los treinta años transcurridos desde el anterior, han dejado una huella de falta de riqueza y de tono suficiente en el músculo intelectual del propio Partido que requiere enormes esfuerzos para alejar una imagen, situada en el subconsciente de sectores de la izquierda española, de que cualquier intento de situar una alternativa transformadora es un brindis al sol, lo cual, como marxistas revolucionarios en que lo adecuado es el análisis concreto de la situación concreta en el tiempo presente y futuro, rechazamos en base al análisis de la deriva del sistema-mundo y su incidencia negativa sobre miles de millones de seres humanos.
No es menos cierto que el marco de acción e intermediación societal puesto en marcha hace veintiún años por el PCE-IU ha sufrido una profunda desvirtuación en dicho tiempo, donde la frescura en el análisis de cercanía se ha visto empobrecida hasta que dar reducida al campo de una fuerza clásica en la que las diversas orientaciones políticas se dirimen a veces en mayorías irreales, cunado no en prebendas materiales para conseguir fines alejados de lo que sería el imaginario social de la izquierda. En este espacio-tiempo se han dado cambios cualitativos en lo geopolítico a nivel mundial que han afectado a sectores importantes del movimiento obrero y de las fuerzas transformadoras, que han supuesto un alejamiento considerable de sectores progresistas, de los que una parte ha engrosado fuerzas posibilistas socialdemócratas y otros se han ido a la abstención o a la masa de desencantados sin esperanza cercana. La desaparición del bloque socialista supuso un punto de inflexión importante para los partidos comunistas, en los que una buena parte de su base fue presa del desconcierto, desaliento o del más cáustico cinismo en expresar ideas pendulares en la justificación del capitalismo.
Resueltas algunas de estas dudas por el tiempo histórico, en que la globalización neoliberal no ha supuesto el avance de derechos humanos, de pujanza económico-igualitaria a nivel mundial, de crecimiento felicitante, sino en la mayoría de los casos un sensible retroceso en todos los ámbitos de percepción social, aumentado este retroceso por el desarrollo artificial en los campos del fundamentalismo económico, militar y religioso, es cuando las fuerzas que se reclaman de la izquierda transformadora y del marxismo revolucionario empiezan a reinvertir su proceso, que discurría en clave de pesimismo a veces no lúcido.
Vemos como necesario enmarcar este proceso, en su fase inicial, en lo anteriormente expuesto para explicar sucintamente algunas de las dificultades surgidas a los y las camaradas, agrupaciones, asambleas y actos del Manifiesto-Programa, para explicar las lagunas, en unos casos, y, en otros, la novedad de un proyecto con la suficiente altura que suponga incidir en la vida de nuestras colectividades o de nuestro país en un futuro en el que el tiempo histórico, en buena parte, se encuentra en nuestras manos por la asunción de elementos de análisis más allá del coyunturalismo.
Doble novedad, en muchos casos, por el amplio número de camaradas que no conocían el anterior Manifiesto, y que el participar en un debate de neto contenido marxista supone un reto, ya que no siempre hemos podido tener la posibilidad de realizarlo como en el hoy, sin tensiones negativas.
En la discusión colectiva celebrada el 6 de Mayo, distinguimos tres formas de pensar-accionar: una netamente creativa e inquieta en la diferente cosmovisión de los planteamientos iniciales del cuestionario, otra que arguye como argumento la densidad del cuestionario, como si fuese el todo del Manifiesto y lo que manifiesta es su pereza o escasa inquietud, algunas veces comprensibles por el parón de años, o porque los “pensadores” lo daban todo hecho sin necesidad de construir un discurso colectivo en que por mínima que sea la aportación siempre es digna; y la tercera posición es de clara endogamia narcisista que necesita una permanente justificación y auto justificación. Esta tercera aporta poco, a pesar de lo enfático en sus discursos: para ejemplo negativo, la reciente crisis de Gazte.
Como no podemos hacer una valoración lineal, por lo injusto, resaltaríamos algunos elementos para la reflexión:
1. Una referencia constante que conviene resaltar, por su importancia, es la de la ética militante y la coherencia con la misma. Tiene el valor de que, tras muchas deserciones notorias y publicitadas, desde una actitud positiva se reclame como condición primordial en los y las militantes del Partido.
2. Dos aspectos importantes coinciden en la valoración de los y las camaradas: el primero, la crisis del movimiento obrero y en concreto de CC.OO., en la que se refleja una honda preocupación por la a veces incomprensible actitud de insolidaridad y alejamiento de los problemas más agudos de la clase trabajadora, donde la estructura sindical está al servicio de una minoría que se siente dueña del sindicato, impidiendo en la práctica la expresión de todas las corrientes actuantes en el movimiento obrero, y lo peor es, lo que era imposible pensar no hace muchos años, la caza de todo comunista que destaque en su labor. Diríamos que la acción sindical europea sufre la crisis de desconcierto y desmovilización de una parte de la izquierda social.
La otra preocupación expresada unánimemente es la larga crisis de Izquierda Unida y Ezker Batua, con las connotaciones negativas que en la acción política está suponiendo de cuestionamiento y ruptura que una parte del colectivo tiene hacia la otra, por acción de deslealtad permanente y activa hacia los elementos que han sido referencia en la construcción de una alternativa al modelo social imperante. Conlleva un grado elevado de dispersión, malestar y minoración participativa por el acusado desgaste que se plasma en las maniobras de desembarco afiliativo en aquellos lugares donde la sedicente mayoría carece de la misma. Significar la gravedad para el propio Partido en el sentido de tener que acudir constantemente, en lo que vulgarmente denominaríamos como “apagafuegos”, donde las tasas de crispación y acción rupturista detraen la actividad necesaria para impulsar proyectos propios como el Manifiesto Programa.
Merece especial interés el unánime sentir de que el socialismo no es posible en solo país. Ello por dos razones: la primera por la necesidad de una alternativa mundial de la izquierda transformadora al capitalismo globalizado. Cada vez existe más la percepción aguda de una acción unificada en base a un instrumento tipo Internacionales anteriores. La segunda, por el ejemplo negativo que para el movimiento comunista y obrero significó la deformación burocrática del estalinismo que, en la imposición de la obediencia ciega, anuló la capacidad creativa y movilizadora de muchos partidos comunistas anatematizados ferozmente si no apoyaban a rajatabla un proceso cuya descomposición fue evidente después de la muerte de Lenin. No sería inteligente ni objetivo centrarnos en la experiencia de un solo país. Por la experiencia acumulada en miles de luchas por millones de seres humanos en diversas formas de aportación a la acción revolucionaria, a la visión objetiva posible en el hoy del llamamiento contra la desigualdad globalizadora que se condensa en el viejo y nuevo lema: “proletarios y ciudadanos de todos los países, uníos”. Más bien aportaríamos nuestra capacidad de acción para que fuese imposible el socialismo aislado, sino que fuera la referente de un mundo alejado de la alienación y la pobreza insolidaria.
Todas las intervenciones, tanto orales como escritas, resaltan el valor de actualidad del “Manifiesto Comunista”. Para lo cual mostraríamos nuestra sorpresa en sentido gratificante y positivo, porque no ha sido una herramienta utilizada en las décadas contenidas en lo que llamamos “eurocomunismo”, sino que había quedado apartado de nuestro accionar. Ha sido en pocos años donde hemos vuelto a reivindicar su joven valor en la descripción del sistema-mundo capitalista y su vigencia en el enfoque real para avanzar en la ruptura del uniformismo cuadriculado del modelo burgués, instalado en la hipocresía del doble rasero permanente y en la desigualdad de clase, necesitando dicho modelo alienar a ciertos sectores del mundo circundante de los trabajadores, como son los cuadros de alto standing, para ser el látigo de sus propios compañeros de clase. No pierde vigencia porque sus alternativas siguen siendo el elemento movilizador de las conciencias en pos de un ser humano nuevo, solidario en la igualdad, humano en lo tierno y creativo.
Ahora bien, estamos de acuerdo en que el modelo consumista, hiper-individualista y agresivo, no es el marco más idóneo para el desarrollo del “Manifiesto Comunista”. Que es necesario y urgente un nuevo modelo educativo y cultural, haciéndonos eco de las aportaciones de algunos camaradas, sobre todo de Álava.
Un modelo educativo en valores de no competitividad, igualdad de oportunidades y de derechos, no alienante en el sentido sexista, no agresivo, con pautas culturales alejadas del mercado, donde sólo tiene valor aquello que es intercambio monetario. No alienante en anular la personalidad creativa, sustituyéndola por productos masificados degradantes y pseudo culturales, por recomponer una calidad en las relaciones humanas alejadas de la agresividad, abrir procesos felicitantes en base a valores de reconocimiento en lo mejor del ser humano, huyendo de los subproductos vehiculados en nombre de un nuevo héroe depredador y rupturista del discurso societal.
Dictadura del proletariado o democracia participativa. A lo largo del tiempo histórico que dicho elemento referencial y revolucionario tiene vigencia, ha sufrido la deformación conceptual de quienes no desean un cambio histórico, atribuyendo a dicha propuesta la actitud intransigente y siniestra del triunfo de los trabajadores y clases populares. Marx, acertadamente, lo situó en los parámetros del mayor goce de la libertad, y en dicha propuesta tiene validez lo que hoy conocemos como democracia participativa. No son propuestas contradictorias ni eliminan aquellos aspectos que resultan disonantes, sino que el tiempo presente, en la renuncia que las fuerzas capitalistas y centristas hacen del valor democrático como acción ciudadana en la construcción social, toda fuerza que reclama la democracia participativa en el conocimiento de que la inmensa mayoría vive cada vez más alejada de las estructuras verticales de participación en lo que suponen las diversas escalas de la gobernanza, aún siendo elegida con los votos populares, siendo esta mayoría clase trabajadora que no tiene capacidad decisoria, pues la representación real del capitalismo no es permeable a la acción democrática, el enfoque de construir una democracia participativa de compromiso social avanzado puede ser la vía que nos acerca a la dictadura del proletariado de forma real, y no la dictadura de un partido o de un Estado, que acaban corrompiendo aquello que ha supuesto un avance revolucionario. El valor que contiene la asunción de la democracia participativa adquiere para los militantes del Partido el enorme valor, con perdón, de que su participación política en la elaboración teórico-práctica debe ser mayor en el concepto militante en su dualidad creativa por su incidencia social directa.
Sobre si es posible un cambio en el mundo, diremos que todas las respuestas coinciden en que es posible dicho cambio, aunque no exento de dificultad por la realidad tergiversada y desinformada, pero sin ser una acción mecánica lineal, existen razonables experiencias nuevas que animan a vislumbrar que no todo es presión capitalista y mercado uniforme. Esta coincidencia continúa en sentido positivo en que es una necesidad dicho cambio ante el sesgo que muestra el desarrollo de la globalización, donde se imponen los métodos más brutales de recurso a la guerra allí donde el capitalismo encuentra que peligra su acceso a las materias primas, para ejercer una presión de monopolio transnacional que empobrece a las tres cuartas partes de los seres humanos.
Una nueva forma de acción política se abre espacio entres nosotros, por ahora de forma tímida y sin asumir todo el valor que tiene de cara al futuro. Diríamos que son tres propuestas resumidas en una: luchar por la República. Las propuestas son el espacio de ciudad-construcción ciudadana, la propiedad social y el acto de compromiso en la res-pública.
Somos conscientes de que la crisis del Estado-Nación tiene difícil solución en las alternativas existentes, tanto las nacionalistas en visión estrecha del aldeanismo provinciano, como aquellas que todo lo fijan en superestructuras desvinculadas de la ciudadanía. No estamos en contra del desarrollo de lo cercano ni de aquello que une a los pueblos en valores sociales: la visión marxista, en su universalismo, tiene desde hace más de cien años una idea clara de crear espacios de encuentro supra-fronteras. En este marco, la ciudad juega un rol importante por ser el encuentro, cada día mayor, de poblaciones que el desarrollo capitalista expulsa del campo. La ciudad va a jugar un papel clave en el concepto de trabajador-ciudadano, va a ser el sujeto transformador en su entorno. Para hacerla sostenible tendrá que crear redes de ciudadanía social en una conciencia alejada del despilfarro actual, haciendo soportable el crecimiento integral del ser humano. Para ello es básica la recuperación de los centros para los ciudadanos, y no de los negocios, que suponen tener una visión conservadora y elitista. Huir de la ciudad con anillos de cajas habitacionales separadas entre sí, como describe J. Saramago en su novela “La caverna”, que pretenden una estratificación clasista donde sea imposible una acción participativa. Y para ello necesitamos el marco republicano, para impulsar la conciencia de ciudadanía. Además, el hecho transitorio deforme no fue capar de devolver la palabra al pueblo, en el sentido de dotarse a sí mismo de la decisión colectiva de la forma de gobierno. Este fraude arrastra en al actualidad una crisis social y política de difícil solución, precisamente por el marco decimonónico que refleja entre conservadores y liberales, con marco económico en ambos de corte neoliberal. Los y las comunistas tenemos que encabezar decididamente el proyecto republicano, darle el enfoque de compromiso social avanzado, y no repetir el error histórico de que la segunda República fue traída por monárquicos, aunque respondiesen a una creciente inquietud del pueblo español.
Dos elementos vitales en nuestra historia como Partido han concitado una amplia respuesta en sentido creativo: son las referentes a qué es el socialismo y qué es el comunismo.
A la primera se dice que el socialismo es la primera etapa de un proceso revolucionario, transformador de una profunda democracia participativa, donde la evolución societal ha promovido el fin de la etapa capitalista por vías diversas, y donde aún se manifiesta la contradicción expresada en la lucha de clases, pero jugando un papel dirigente la clase trabajadora y las fuerzas progresistas, aliadas en un programa común que impulsa un proceso igualitarista y de resolución de las abismales diferencias económicas y sociales que se dan en el capitalismo, con su impronta de injusticia en el reparto de la riqueza.
El comunismo se define en el imaginario colectivo donde el Estado ha desaparecido, comienza la utopía con la desaparición de la sociedad en clases y los seres humanos pueden realizar procesos felicitantes en toda la transversalidad de su acción social, humana y vital en plena igualdad.
En esta etapa, el ser humano supera la alienación producida por la dominación económica y cultural de la hegemonía burguesa, libre del asfixiante peso que conlleva dicha dominación, en una sociedad armónica, tolerante entre los seres humanos, por la ausencia de competitividad insolidaria, donde el goce de bienes económicos, sociales y culturales no tiene la limitación clasista ni el despilfarro de lo injusto.
Destacaríamos en los elementos referenciales del Partido que tienen un valor importante los signos, banderas, la Internacional como himno y el discurso de debate colectivo en la transformación de la vida y de la historia, frente a la visión socialdemócrata de girar cada vez más a la derecha en el acercamiento al capitalismo.
Es unánime la postura de desprenderse del sectarismo como el freno más negativo para el desarrollo de nuestra acción en la sociedad, así como crear el espacio de debate sereno y reflexivo, frente al caldo de cultivo de la crispación y de los elementos rupturistas internos.
Impulsar las Agrupaciones como centros de debate abiertos a los y las camaradas y a la ciudadanía. Que sean escuelas de aportación a los valores sociales.
Como final, ha sido un debate rico en aportaciones.
Bilbao, 14 de Mayo de 2007
Volver
|